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sábado, 4 de mayo de 2013

Esperpénticamente acorralados


Así estamos recogiendo miserias en cada paso que damos. Me traslado, con su permiso, a primeros del siglo XX, con uno de los autores claves de la literatura española, Valle- Inclán, y que menos que recoger su cosecha esperpéntica, como él lo reflejó en su obra dramatúrgica, poética y novelesca, para plasmar las miserias de España.

El uso de término esperpento no es exclusivo de Valle-Inclán, cierto que se identifica con su obra literaria creada, fundamentalmente, a partir de 1920, pero es de uso anterior, aunque su etimología no está todavía muy clara. Es interesante señalar que en esta época, no fue un término que pasó de los círculos literarios, a los ambientes populares, sino todo lo contrario, fue el escritor quien recogió del sentir popular, esa sensación esperpéntica que abarrotaba una España, que creyó rozar la gloria, y cayó en el más profundo desengaño.

En 1914, aparece por primera vez recogido en el diccionario de la Real Academia Española el término esperpento con la siguiente definición:

" Género  literario creado por Ramón del Valle-Inclán. En el que se deforma sistemáticamente la realidad, recargando sus rasgos grotescos y absurdos, a la vez que se degradan los valores literarios consagrados; para ello se dignifica artísticamente un lenguaje coloquial y desgarrado, en el que abundan expresiones cínicas y jergales», definición que se mantiene hasta la última edición del DRAE, en el que desaparece la alusión a los «valores literarios consagrados".

Corramos el visillo de los años y situémonos  a primeros del siglo XXI, donde la racionalidad, el modernismo y los avances tecnológicos hacen del hombre un ser avanzado, sabio y conocedor. Volvemos a navegar por el desengaño de la mentira, la codicia, y aún más el desahucio de los sueños, como el excelente escritor Caballero Bonald, expresó en su discurso en la entrega del Premio Cervantes, el pasado mes de abril de 2013. Así es, y seguirá siendo, el clamor popular, ha llegado a límites de abandono, donde no se sabe bien si estamos en una obra teatral de Valle-Inclán, o ha sido el esperpento quien nos ha atrapado en su más alta definición.

Pareciera estar todo perdido, el pueblo merecedor de otra realidad paralela a la que está viviendo, se sumerge en la indecisión de sus propias aventuras, deja los sueños, abandona los anhelos de sus primeros años de existencia y navega a la deriva de una sociedad consumida en cenizas, donde no se encuentra salida. Lo que antes era un imposible, en la actualidad es un hecho que nos deja sin poder mover ficha, cierto que la historia se repite, la gloria que debería encadenar más gloria, segrega por sus eslabones la perdida de todo.

Es imprescindible conocer y entender “La metáfora de los espejos deformantes”, les dejo parte de sus definición, para que puedan crear su propia obra teatral y situarse en un escenario, no menos real, pero eso sí, no desahucien sus sueños, en definitiva es lo único que nos mantiene vivos, libres y en pie, en tierras tan pantanosas, por muy imposibles que resulten, la posibilidad puede surgir en cualquier momento.

 

La metáfora de los espejos deformantes

 

El esperpento como auténtico género dramático hace su aparición en 1920 con la obra Luces de Bohemia. Esperpento. La metáfora conceptual de este nuevo género teatral partió de una localización real; se encontraba por entonces un comercio de ferretería, situado en la madrileña «calle de Álvarez Gato» (el «callejón del Gato» de Luces de Bohemia), cuya característica más llamativa era la fachada publicitaria, donde se hallaban un espejo cóncavo y otro convexo que deformaban la figura de todo aquel que frente a ellos posase.6 Esto, que se convirtió en un entretenimiento de la época, sería utilizado por Valle-Inclán como metáfora llevada a la escena teatral y a su narrativa.

 Así, la deformación de la realidad bien podía ser divertida, como de hecho lo era para los transeúntes, pero podía convertirse en algo más: en un espejo social, en una crítica, en una deformación exagerada de la realidad que devolvía la verdadera imagen que se iba buscando al enfrentarse al espejo.

 

Raquel Viejobueno

Aristóteles, un maestro de miles de años


Tomaremos como uno de los veleros más sólidos a Aristóteles, La famosa poética de este autor fue, es y será posiblemente los pilares de toda literatura.  Con ella, nos conduce, de una forma clara y explicativa, lo que es la literatura y todas sus raíces.

La definición aristotélica, fue extraída de la pregunta, quizá más conocida, entre los círculos literarios ¿Es el poeta un imitador?, pregunta, que sin duda se puede trasladar a cualquier tejedor de cualquier arte. 
Aristóteles dejó constancia en su poética que el poeta (o todos los artistas de todas las demás artes) son imitadores, pero para ello tienen que imitar de tres maneras posibles; bien representando las cosas como eran o son, bien como se dice o se cree que son, o en ultimo caso como deben de ser. Estas tres formas de imitar se expresan con la elocución que incluye la palabra extraña, la metáfora y las alteraciones del lenguaje. Estos malabarismos a los que alude el filósofo, sólo se les permite a los ensalzados poetas.

Así pues, la definición de poesía para Aristóteles se podría resumir en tres premisas:

-          Imitación, como todo arte.

-          Uso de un lenguaje especial.

-          Estar en la posesión de unas reglas específicas.

Hinquemos más la huella en su premisa imitación. Si todo poeta emita todo aquello que ve, fue o debe ser, sin duda alguna estamos ante verdaderos observadores, ojos de un mundo donde encierran otros mundos, realidades que son propias y merecedoras de contar y dejar como máximo regalo, a un lector ávido de saber.

Lo interesante está en ser capaz de ver, observar y después componer, con formas propias, utilizando un lenguaje especial, y con unas reglas específicas, un poema, o composiciones que se pueden convertir en lo que queramos, debemos o deseemos hacer transmitir al lector.

¿Parece fácil? No, sin duda, no. Es imprescindible, no sólo contar lo que los demás individuos observan, sino lo que no son capaces de recoger otras pupilas. Allí, en el instante desapercibido del mundo, debe estar el poeta para dejar constancia con su pluma de la amplitud de su saber ver y observar.

Sin duda, Aristóteles es un maestro para todos, y el poeta está en posesión de uno de los sillones más comprometidos del teatro de la vida. No sólo debe ser imitador, sino captador, y es, sin duda, un vividor de la propia esencia.

Así pues, no es sólo necesario saber lo que se ve, sino lo que se debería ser y no vemos.

Imitemos pues este mundo, cincelemos una escultura de las realidades que divagan a nuestro alrededor y juguemos con la multitud de palabras y los vestidos bellos que las arropan.

Raquel Viejobueno.  

 

Documentación.

-           Documentación: José Domínguez Caparrós. “Teoría de la literatura”  Editorial universitaria Ramón Areces. Tercera reimpresión noviembre 2007. Madrid.

-           DRAE.

 

 



El lector


Interesante papel el que le toca vivir al lector, no sólo porque es el último eslabón de la cadena de comunicación para que el emisor- autor pueda dar por concluida su tarea, sino porque es una figura que, como más adelante veremos, goza de diferentes características, dependiendo de su formación, intereses, clase social, etc.

Desde hace varios años el papel del lector ha ido hinchándose de manera considerable, hasta alcanzar una preocupación máxima dentro de la investigación literaria.

Se intenta investigar de forma continuada el tipo de lector, y los distintos niveles para descifrar el texto, y la influencia que posee sobre el propio autor, a la hora de la producción de textos.

Es obligatorio en este punto citar a G. Prince, y mencionar su “Poética”. En ella nos explica de forma clara la existencia de una comunicación extratextual, que sería aquella que se centra en la obra como realización de escritura. Éste diferencia tres grados de lector:

-         Lector real (o empírico) como sujeto históricamente determinado que lee el texto.

-         Lector virtual (o medio típico) supuesto por el escritor, según ciertas expectativas y gustos, niveles culturales, ideologías, posición social, etc.

-         Lector ideal o modelo; este corresponde como hipótesis a la perfecta comprensión del texto, aun existiendo una verdadera complejidad en el mensaje.

-         Y por último, debemos tener en cuenta al lector- narrador.

De esta manera, y basándonos en  lo expuesto anteriormente, el alcance del texto dependerá, siempre, del alcance del lector, a la hora de interpretar y analizar el texto, así pues, el lector se puede quedar en uno de los primeros niveles de decodificación elemental o transcender a otros niveles estilísticos- connotativos.

Encontramos, también, que lectores distintos, pueden impresionarse de formas y maneras diferentes por un mismo texto, lo que refleja que el proceso creativo queda por encima de la percepción de lo escrito.

Sin duda, este breve artículo, nos da unas pequeñas pautas para saber el papel tan importante que juega el lector, que hace posible que el texto recobre vida y forma en su interpretación.

Esperemos que nunca nos falte ningún lector comprensible, para dar forma a una de las pasiones más humanizadas del hombre como es la literatura y todos sus pasadizos que nos llevan y nos conducen a mundos fantásticos, donde el autor y el lector son amigos eternamente agradecidos.

Raquel Viejobueno

 

 

Hay una teoría anclada en la palabra


Sí, no es fácil establecer criterios, ni críticas, de lo que es o no es la literatura. Tenemos medios de comunicación inmensos que nos dejan sin saber dónde tenemos que colocar, sutilmente tan amplio mundo literario. Teorías, registros, y mil y una palabras más, para deshacer, como un terrón de azúcar en un café, lo que cada uno denomina literatura.

No debemos de olvidar, que ante todo es un acto de comunicación, un saber hacer, un mundo, dentro de otras realidades cuyo objetivo es, que sea el lector quien de forma y acento a su lectura.

Hoy, como en otros tiempos no es fácil ser tejedor de letras, tampoco lo es un camino de rosas, ser crítico o cronista, novelista, o poeta. Me propongo a mí misma, desde el interior de mis oníricos mundos, desde las orillas de lectora, antes que escritora, descorren con suavidad la cortina de una crítica interiorista.

No hay mejor teoría literaria, que ser consiente uno mismo de lo que se debe de decir, cómo, cuánto y fundamentalmente si hay algo que decir.

Supongamos que está todo dicho, lo único que debemos de buscar es la forma de exponerlo, cada cual dentro de su Universo, de su experiencia y de sus registros, o brújulas profundas, eso, y no otra cosa, es lo que debe de mover a la palabra: la intención de crear, de decir y de comunicarse con los del otro lado.

Así pues, la palabra tiene anclada, por sí misma una teoría que se nos asemeja a un puzle complicado de montar, pero que sin duda, es el escritor el que debe saber que pieza debe ir en cada momento.

 

Raquel Viejobueno

viernes, 3 de mayo de 2013

Palabras polisémicas


Tenemos entre las manos un lenguaje riquísimo, no sólo en su contenido, sino también en las diferentes formas de conjugarlo. Es nuestra obligación, sacar de él, el mejor partido, y dejar sobre el tapete, los mejores textos, que sin duda perdurarán, y serán el reflejo, no sólo de una sociedad colectiva, sino también de la vida privada de cada autor.

Este artículo, sólo pretende reflejar la  inmensa multitud de variedades que existes en el significado de las palabras en castellano, y que, con cuidado debemos de realizar  los textos con un interior muy bien construido para dar forma a los pensamientos, ideas, y sobre todo plasmar, de una forma u otra, lo que vemos.

  Así pues, reciben el nombre de palabras polisémicas todas aquellas que poseen más de una significado.  El castellano recoge muchas palabras polisémicas, los distintos significados que se le pueden atribuir a una misma palabra se deben al uso que se le da al lenguaje en los diferentes países en los que se habla el español.

Permítanme  desarrollar a modo de ejemplo un texto que ilustrará los ejemplos de palabras polisémicas, así de este modo, no parecerá una clase teórica que queda sólo en el mero hecho de aprender, sino que lo reflejaremos in situ en el lugar que le corresponde: en la escritura.

“En todas las injusticias que día a día vemos, es difícil pensar que derecho sea una trayectoria que viene en línea recta, mientras que el derecho que se ejecuta pareciera estar muy curvo, y no digamos de los estudios de derecho que fueron atribuidos así, por tener una caracterización de lo que debe ser lineal y justo, es decir, lo que debe ir en línea recta, pero que desafortunadamente van navegando dando verdaderos tumbos. Esto es  lógico que despierte la cólera de cada uno de nosotros, y no me refiero a la enfermedad que causó y causa la muerte a tantos miles de personas, sino  al enojo que poseemos y que sale al exterior en forma de volcán en erupción. Este sentimiento puede ser que sea lo único que nos hace humanos, ya que después de ver todas aquellas bolsas vacías de esperanzas en sociedades que se van destruyendo como castillos de naipes, no puede ser comparable a pertenecer en la bolsa financiera, y creer tener uno de los poderes más sublimes del mundo. Así es, como el lenguaje va jugando con sus significantes, y como nosotros debemos entrar en las normas de juego y disfrutar con sus significados, esperando que calme el temporal, y no me refiero al hueso que poseemos en la cabeza, sino a la medida de tiempo, que en muchas  zonas rurales es una forma de caracterizar a los fenómenos climatológicos.

Después de todo, no nos queda otra que esperar para poder armar, y hago alusión a construir y no a ir forrado hasta los dientes de armas, unas perspectivas mejores. “

Raquel Viejobueno

 

Monólogo interior. Una mente sin censura


Todos los momentos no pueden ser deterioros de la persona, aún, en los peores tiempos, la mente cabalga, o está obligada a surcar por praderas distintas. El monólogo interior abre una técnica nueva dentro de la narrativa, mundos donde los autores descubren que no tienen censura, que pueden sacar a flote mil y un delirio, sensaciones, turbaciones, que pueden estar sujetas a la inconsciencia, a lo incoherente, pero que son pilares de la psicología humana, materia de estudio, no sólo en el psicoanálisis, sino a través, del campo que nos ocupa, la literatura.

Maticemos pues las primeras técnicas del monólogo interior, y como tras los estudios de Freud, gira de postura para ofrecernos mil mundos, dentro de otras realidades, donde los laberintos son inquietantes.

 

El monólogo es aquella modalidad narrativa que cede la palabra a un personaje para que pronuncie y de voz a sus ideas, pensamientos, inquietudes – siempre dentro del relato- sin que nadie le pueda responder.

Desde la aparición de la novela de Joyce “Ulisses” en 1922, el monólogo gira  su técnica y nos encontramos con un diálogo interiorizado, siempre en soledad, utilizando un lenguaje íntimo, desde esa estrechura, soledad y conciencia del que lo expresa. Debemos puntualizar que el monólogo es una técnica muy antigua en la novela, incluso, más aún que la lírica.  El concepto universal de monólogo lo definía como la aparición del inconsciente, la yuxtaposición de pensamientos- siempre íntimos- de una forma dispersa, desgranados, y en muchos casos, sin enlaces lógicos, en un principio.

Así pues, podemos decir que es reflejo de la conciencia, sin tener una intención racional, o dicho de otra forma, se produce de manera espontánea, caótica. El objetivo fundamental  del monólogo, es introducir, de forma directa al lector en la vida interior del personaje, evidentemente sin que exista ninguna intervención por parte del autor para explicar dicha vida interior, o  dicho comportamiento del personaje.

Pero en la actualidad, los monólogos interiores pasan por tener un dominio de la conciencia, ya que una de las características importantes del personaje es la lucidez para afrontar un autoanálisis.

Este cambio de técnica en la actualidad viene ligado a los descubrimientos de Freud en el campo del psicoanálisis. Todos los estudios del subconsciente abren para los narradores, todo un mundo desconocido, donde sin duda deben  ir dando forma, y reflejando aquello que no pasa por la censura, los campos donde se encuentran los sueños, los delirios, y las fantasías.

Habiendo tejido, muy brevemente, esta técnica tan apasionante, no nos queda más que  descubrir en nosotros mismos todos nuestros submundos, para que la realidad se llene del eco que corresponde.

De esta forma, aún, todavía, nos queda mucho que decir…

 

Raquel Viejobueno

 

La literatura como arma política


Hoy toca guardarse el entusiasmo y caminar descalzo por los caminos que un día se tronaron verdes y hoy son desiertos de pobrezas. Este artículo tiene como objetivo introducir a los amantes de las letras a recorrer una nueva vereda. La literatura debe ser, ante todo, testimonio de lo que somos, o fuimos, o posiblemente seremos.

Difícil, o casi imposible, no dejar entre las líneas de cada uno, la visión desolada de un mundo que no gira, no da vueltas, se ha quedado estancado en la podredumbre del hombre.

La literatura, parece tener que vestirse de luto para hacer homenaje a muertes como los derechos sociales, la curva de la justicia, la corrupción de los gobiernos, la pobreza del decaído, la ansiedad del que se quita la vida porque le arrebataron hasta las ganas de vivir, el hombre que duerme en un coche roto por la vigilia de la noche, la mujer maltratada entre los arañazos del que un día le juró amor eterno , el niño que llora desolado en un rincón de su pesadilla, el anciano que no sabe dónde esconder su vejez, el hambre que desgarra la carne y la deja desnuda en la mitad de la nada, el miedo a no tener un Dios que todo lo cura. Las dimisiones de los que creíamos líderes, el desasosiego de un pueblo que está acorralado entre pilares de mentiras y promesas baratas que se pudren al Sol. La sociedad que da vueltas en una abismo, sin encontrar un precipicio por donde saltar. Todo esto y más es la crítica social, la realidad que el escritor debe reflejar con su pluma. No importa que sea  verso o en prosa, pero sí, con palabra clara y potente.

No cabe duda que es un trabajo arriesgado, pareciera que nos apuntan con una pistola en la sien de nuestra conciencia, en aquel hueco de los terrores, pero debemos  saltar del escondite y dejar, no prestado, sino regalado, la denuncia social, porque será de la única manera que pasaremos los años reguardados dentro de nuestros escritos.

La literatura como arma política, como guadaña del poderoso que teme que alguien le arrebate la cabeza del mandato, ahí entran los textos, como tijeras, para recortar lo injusto y decir a todos los vientos que la política mata, quita, te derrota, te hace gemir de impotencia, y a cambio, en muchos casos, no te llevas más que la vergüenza de saber que existe.

Se debe luchar por encontrar un astillero donde amarrar el barco de cada uno, sin que vengan oleajes y lo derriben. Es ahí, donde el escritor, debe brindar todas sus armas.

 

Raquel Viejobueno

El Universo femenino


No debemos dotar a la literatura de género, pero sí expresar en ella todo lo vivido. Pareciera que las experiencias de los autores pueden ser vestidos para calmar el frío del invierno, o agua para mitigar la sed del arduo verano. Lo cierto, es que el escritor, sea hombre o mujer, debe tener una crítica y criterio para dejar lo que va viviendo a través de los años. Es así, como camina la literatura y otras artes, en un constante movimiento social, como si fueran mareas, que tapan las orillas de uno mismo.

Las mujeres a lo largo de la historia, han sido expuestas a cargar con un papel, que no correspondía en todos los ámbitos de la vida social del ser humano, llevándola, casi siempre a un segundo plano. Desde esa posición tan injustificada, como irracional, las escritoras y poetas, se ven obligadas a crear, lo que en literatura se denomina “Universos femeninos”, que no dejan de ser otra cosa que espacios oníricos, o simbólicos por donde sus inquietudes pasean desnudas, no sólo en un plano personal, sino, social, político, artístico y económico. Desde la historia de la humanidad se la ha visto reclinada  a favor de  un hombre dominante, donde las propias leyes, lo único que hacían eran enterrarlas un poco más en esos Universos, que los escogía como única puerta de salida.

Existen muchas mujeres escritoras, poetas, ensayista, artistas en todos los ámbitos, a lo largo de la historia, que nos han dejado sus críticas a sus mundos reales. Las experiencias de las jaulas donde mentalmente las encerraban para luego morir en el anonimato de los que mandaban por ley divina, y terrenal.

Los Universos femeninos son, todos ellos, bellísimos, no sólo en su contenido sino en su profundidad hacia el deseo de escapar de un canon confundido y erróneo.

Nos llevaría mucho tiempo ir enumerando una a una, siglo por siglo, aquellas mujeres que han dejado su vida, o han creado una nueva vida paralela a la realidad, para comprometerse con su tiempo y el futuro, enseñándonos su día a día asfixiante y cargante de compromisos absurdos, que en muchos casos, las llevaban a permanecer y vivir en una fosa, peor que la muerte.

Estamos obligados a mencionar y recordar a  Virginia Wolf,  fabulosa escritora. Una de sus novelas que expresan a la perfección este Universo femenino es  “Una habitación propia” o también se la puede encontrar con el título “Un cuarto propio”. En esta maravillosa novela la autora despliega todas sus armas, para intentar entender y que entiendan las inquietudes femeninas, lo hace con criterio y crítica y con una verdadera sabiduría personal y narrativa.

Pero tampoco debemos pasar de largo, a una maravillosa escritora española, nuestro último Premio Cervantes femenino. Ana María Matute con su novela “La torre vigía”, donde los aspectos simbólicos son frecuentes, y es cierto que esta obra se podría definir como una novela de aprendizaje, donde es el narrador anónimo, el que refuerza el carácter ejemplar de la fábula, donde el autor se volverá a encontrar con los temas acostumbrados por la autora; el tiempo y sus estragos, la memoria, el odio y el amor, etc.

Así podríamos estar durante días, citando a estupendas autoras que han dejado su obra como legado de un mundo que está obsesionado con diferenciar la vida entre lo masculino y lo femenino, sin parar a pesar en la fantástica simbiosis que sería pertenecer todos a un mismo cuadro.

Como siempre la literatura nos deja sin palabras, y nos aporta una estupenda perspectiva, y realidad de nuestro tiempo y tiempos pasados.

 

Raquel Viejobueno

El contrapunto


La literatura y sus regueros. Parece difícil partir de la base de la teoría literaria para poder elaborar los textos. Es casi imposible escribir y tener presente en la memoria todos los procedimientos que la componen, pero es obvio, que el escritor debe trabajar en el texto, una vez creado, para dejarlo apto en el proceso de comunicación.

Hablemos del contrapunto, otra figura literaria. Consiste, en representar simultáneamente y sin dejar avisos, tiempos, lugares y personajes. Se suele utilizar con bastante frecuencia en los monólogos interiores.

Citemos un ejemplo, que nos haga vez con más claridad esta figura:

“Adolfo esbozaba frente a la ventana, mientras, su hermana remendaba un calcetín, Afuera, entre los árboles, el pastor cuidaba de las ovejas. Sonaban las campanas, el reloj de la habitación detenía las agujas. Rebeca con su piano dejaba libres las notas musicales […]

Raquel Viejobueno

Del relato “Perfil de un mentiroso”

 

Fijémonos, como en esta figura somos capaces de juntar en una sola piña, personajes con acciones, tiempos, y por supuesto, lugares donde se desarrolla la trama.

El contrapunto se presenta como un aserie de momentos que ocurren a intervalos de tiempo, de forma discontinua, que evidentemente sólo es posible encontrar su armonía, orden y razón en la mente del lector.

Es importante citar que en la novela actual no es muy utilizado, pero tuvo su momento de esplendor en el experimentalismo.

Poco a poco avanzamos por los regueros que anteriormente hemos citado, para comprender mucho mejor, al gran titán: la literatura.

 

Raquel Viejobueno

 

 

Crítica sociológica


Justo en estos momentos, como en otros muchos se necesita la crítica, aunque evidentemente, no deja de plantear ciertos problemas de delimitación a la hora de su definición. Así pues, podríamos llamarla disciplina, la cual estudia de forma sistemática las relaciones entre la literatura y la sociedad.

Ya Dubois en la década de los setenta, señaló las muchas dificultades para definir que es crítica social, partiendo de la encrucijada de métodos, conceptos y proyectos.  El gran crítico ruso Belinski, en el siglo XIX puntualizó la exigencia de la consideración histórico-social de los fenómenos artísticos.

Citemos Pleyanov, que en sus teorías sociológicas incorpora la teoría marxista. Es importante señalar las diferencias con los  planteamientos anteriores, respecto al marxismo. Si partimos que todo lo anterior debe pasar por un conjunto de observaciones, siendo todas ellas de sentido común, el marxismo incorpora un aparato conceptual específico, para poder tratar las relaciones entre sociología y literatura.

Marx y Engels exponen el punto que marca la diferencia: “Los hombres son los productores de sus representaciones, ideas, etc…” Siguiendo el camino debemos considerar la literatura como una manifestación de ideas y representaciones. Partiendo de estas teorías es posible un estudio de las obras, sabiendo que están condicionadas por el desarrollo de las fuerzas productivas y de intercambios.

La literatura pasa, no sólo por ser objeto sociológico, al ser objeto de consumo, sino también es producto de la conciencia, y es esa conciencia la que debemos trabajar y mejorar, con el único fin de navegar seguros por una sociedad.

Es evidente, que el escritor tiene, o debe tener compromiso y convertirse en un hermoso catalejo, que le permite ver, incluso más allá. Compromiso que debe quedar plasmado en su creación literaria, dejando al descubierto el momento o momentos que vive.

Sin duda, hay mucho que decir…

Raquel Viejobueno